México, el viaje interior

Mi relación con la luna siempre fue muy intensa. A menudo, me asomaba a las noches en busca de respuestas, poniendo la energía en comunicarme con ella y buscándole sentido a las mareas que por dentro nos sacuden. Nos unía una íntima relación, casi prohibida.
Pero he de confesar que mi estancia en México ha hecho que apenas la tenga presente. Mis anhelos que siempre estuvieron puestos en lo que hay fuera de mí y en el universo que me rodea, ahora se convirtieron en un viaje interior.

Esta tierra, o más bien, su gente, ha sembrado en mí un Amor de manera natural, como la flor que regala su néctar al colibrí, sin impedimentos, como dos manos que se quieren tocar, con el impulso de la lágrima de la felicidad y con la libertad de los hombres buenos.
El deseo de buscar fuera de mí se transformó en un encuentro interior. Un redescubrimiento quizás. La puerta a una intimidad universal que ahora ya está inevitablemente abierta a dar y recibir.
Ha sabido sacar de mí un amor que andaba callado y en silencio ha hecho que ame a gritos.
Amor en mayúsculas, pero sin grandezas; amor completo, pero desnudo; amor sin dueño, pero para todos.

Gracias por este amor, México.

Y esto es sólo el principio…

Alfonso Aroca Mexico IMER

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